CAPITULO    CINCO

CAETANO   Y   SUS   PROEZAS

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Elenco
Capítulo Cero
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
 

 

 

 

 

 

 

        Caetano disfrutó mucho de su regreso a Bogotá, por muy diversas razones. No tenía que aguantarse el calor inaguantable de Guayaquil, ni tenia que espantar bichos cada vez que estaba fuera de la protección del angeo, y no tenia que ir a la escuelita de primaria del barrio en la cual había tanto chinito como tan raro y con un color poco claro. Claro que en su momento fue muy oportuno que Caetano hubiera sido inscrito en la escuelita del barrio, por cuanto además de ayudarle a pasar el rato, esto le permitió aprender las letras y a hacer sus primeros pinitos en la escritura y la lectura. Por los indicios recibidos de fuentes mas o menos fidedignas, hemos llegado a la conclusión de que a Caetano lo favoreció enormemente la asistencia a la escuelita, toda vez que su mamá no tenía muchas dotes pedagógicas, y muy seguramente él hubiera aprendido mucho menos en manos de su madre. Y este comentario no deja de extrañar, toda vez que Magüita se ganó una buena parte de su vida dando clases de inglés, como veremos adelante. Pero tal vez también explica por qué pocos de sus alumnos lograron un buen aprendizaje.

        Pero Caetano tuvo otro motivo de alegría al volver a Bogotá, y fue que encontró algunos primos y dos tíos de su misma edad, aproximadamente, con los cuales jugo inicialmente, y posteriormente, una vez que cambió de voz y se inició el bello abundante en su labio superior, inició igualmente una activa vida social, como todo muchacho que se respeta, vida social que frustró Cupido en forma por demás prematura. Pero esto también se explicará a su debido tiempo. Entre otras cosas, me imagino que ustedes habrán notado que este libro está lleno de situaciones de suspenso y que generan gran curiosidad. Esto no es accidental, es completamente hecho a propósito con el simple fin de mantenerlos a ustedes, pacientes lectores, en una situación tal de tensión que no les permita darse el lujo de cerrar el libro mientras van a comer. No. Por el contrario. No es que yo pretenda que no vayan a comer. Lo que me gustaría es que hicieran como todo ejecutivo gringo en hotel, que siempre lleva un libro al comedor, para comer mientras lee, o para leer mientras come, siendo muy incomodo e inconveniente ejercer las dos actividades en forma simultánea, al menos yo no puedo. Y esto de tratar de hacer dos cosas al mismo tiempo me recuerda de aquellos dos monjes de clausura que se paseaban por los corredores, el uno fumando y el otro no, pero este último desesperado por fumar, en vista de lo cual le preguntó al otro como era que fumaba mientras rezaba. Esto no se lo podía explicar, por cuanto él había pedido permiso de fumar mientras hacia sus oraciones y el superior le había negado el permiso. Y el otro monje, el fumador, le explicó que él se había limitado a pedir permiso de rezar mientras estaba fumando.

        Para centrarnos en lo que nos ocupa y no seguir hablando de las dificultades inherentes a hacer dos cosas al tiempo, me concentraré en Caetano, pero antes déjenme decirles que me acabo de acordar de aquel cuento en que un amigo le pregunta a otro si a él le resulta difícil hablar con su mujer mientras hace el amor, a lo cual le contestó que nó, que realmente se le había facilitado mucho desde que había comprado celular. Ahora sí. Como decíamos, Magüita volvió a Bogotá con gran alivio suyo y de sus familiares, que se morían de la lástima de su situación. Sin embargo, el regreso no fue fácil, y no por culpa de los medios de transporte, sino por culpa del gobierno ecuatoriano, el cual no contaba con disposiciones precisas en relación con la pensión que debía pagarse a las viudas de sus funcionarios. Este aspecto solamente se arregló muchos años mas tarde, y precisamente después de que tres diplomáticos ecuatorianos perecieron en un paseo que realizaron a las piedras del Cocuy en compañía de tres "amiguitas non-santas" que habían encontrado en el pueblo cercano. A los seis los sepultó un derrumbe que cayó por causa del intenso invierno que azotaba a la región. Y esto dejó a tres viudas, furiosas por la protuberante traición de sus maridos y en la hinopia, todo lo cual las llevo a entablar demanda contra el Ministerio, y de la cual lograron una buena y jugosa pensión. Pero Magüita no tuvo esa suerte, y las nuevas disposiciones eran explícitas en que no podían aplicarse en forma retroactiva.

 

        Lo grave del caso (no el de los diplomáticos sino el de Magüita) es que ella regresó sin ahorros y sin renta fija. Es decir, prácticamente con una mano adelante y otra atrás, como se dice con tan poca elegancia. Y hay que tener en cuenta que Magüita era una mujer muy elegante. Dada su situación, y el hecho de que su familia no tenía medios de pasarle una renta, ella resolvió ganarse la vida dando clases de inglés. Esto resultaba muy buena idea, toda vez que ella hablaba excelente inglés, aún cuando no tenía las menores nociones de pedagogía, cosa que demostró ampliamente en el curso de su larga actividad docente. Pero por ese entonces en Bogotá había pocos profesores de ese idioma. Y fue así como Magüita se convirtió en una de las maestras permanentes del Colegio del Sagrado Corazón, y de unos pocos otros establecimientos educativos de primera categoría, eso sí, todos para niñas. Y en esa época los colegios mixtos eran prácticamente inexistentes. Por ello, fueron muchas las niñas bogotanas que aprendieron sus primeras palabras en inglés de boca de "doña Magüinita", como amablemente la llamaban. Mis primos y yo también tuvimos el privilegio de recibir lecciones de su parte, y el hecho de que hoy en día mas o menos hablamos bastante bien inglés se debe totalmente a otras razones, toda vez que las lecciones de nuestra querida tía nos sirvieron prácticamente para lo mismo que le pasa al pescado cuando se arrima a la pescada.

         Pero el comentario anterior no pretende en forma alguna demeritar los esfuerzos de Magüita para cubrir sus gastos de supervivencia y para proveer a las necesidades de su hijo Caetano. Se trae a colación simplemente a título de lo que es: un simple comentario. Ella luchó y perseveró y logró abrirse camino en un mundo no muy competido pero de todas maneras muy difícil. Y con base en su esfuerzo logró matricular a Caetano en el Instituto de la Salle de los Hermanos Cristianos (en la calle once, arriba), en donde él se desempeñó como un excelente estudiante, hasta el punto de que a partir del tercer año de estar allí recibió media beca, y los dos últimos años de estudios secundarios los hizo con beca completa. Pero naturalmente Magüita tenía que proveer a la totalidad de sus necesidades materiales, pues la beca solamente cubría las necesidades espirituales del chico. Así fue como Magüita continuó dando clases de inglés en diversos colegios, aumentando así el número de alumnas en las cuales el idioma de Shakespeare brilló por primera vez, aunque, como comentamos anteriormente, y por qué no decirlo, no con mucha luminosidad.

        Hay un punto importante que el lector debe conocer para que no crea que estamos tratando con alguien mas o menos insignificante: en el curso de esta etapa inicial de su viudez Magüita recibió claras indicaciones de parte de diversos pretendientes en el sentido de que a ellos les interesaría entablar con Magüita una relación muy seria pero divertida, que pudiese conducir al matrimonio. Y ella se negó sistemáticamente a ello, por cuanto no quería dañar su relacionamiento con "Caetano mi'jo". En realidad, ella consideraba que de llegar a contraer matrimonio, muy posiblemente la relación con su hijo se vería afectada. Y que tal vez ella lo estaría abandonando, al dedicar parte de su cariño, atenciones y tiempo a un tercero, que no era el padre del criaturo. Esta apreciación, el tiempo lo demostró, resultó totalmente equivocada, toda vez que semejante sacrificio no tuvo de parte de Caetano la compensación deseada por Magüita. Pero esto, como tantos otros detalles importantes, lo veremos a su debido tiempo.

 

        Al concluir el bachillerato, Caetano ingresó sin problema a la Universidad Nacional a estudiar ingeniería civil. De paso es oportuno aclarar que esta era la única ingeniería que en esa época se daba en la Nacional. En realidad, esta era la pasión de su vida. Aclaramos que la pasión profesional, porque la otra pasión apareció un poco mas tarde y se llamaba Isabel, como veremos ya casi. Ustedes nunca lo vieron, pero es bueno saber que desde pequeño a Caetano le gustaba trazar pequeños caminos en el igualmente pequeño jardín que había en la casa en que vivía con su mamá. Pero no se crea que los caminos que construía eran como los que hace cualquier niño, al quien le dan una pala para que juegue en el jardín, y simplemente se limita a hacer las cosas sin ton ni son.

        Caetano procedía en forma completamente distinta, y podría decirse que muy profesional para su edad. Primero que todo observaba el terreno y pensaba cuál podría o debería ser la extensión de la "red vial" que iba a construir. En seguida, estudiaba el tamaño de los carritos y camioncitos que iban a transitar por allí, cosa que no era complicada, pues él tenía solamente dos carritos de cuerda alemanes, el uno rojo y el otro verde, y un camión de madera, comprado por su mamá a un carpintero del barrio de Las Cruces, y que constituía uno de los mayores orgullos de Caetano. En seguida, con el palo de una escoba, que usaba a manera de regla (el bastón de teca ya había pasado a manos de Enesto, uno de los hermanos de Magüita, a quien le gustaba salir a caminar y descrestar calentanos con su elegancia), hacia el trazado inicial de las carreteras, y por último se dedicaba a remover escombros, piedras y hierbas, para dejar el piso de la vía sin un solo hueco. Lástima que su vida se haya frustrado tan tempranamente y que Caetano no nos hubiera podido solucionar el problema de los huecos de Bogotá. Estoy seguro que con su participación no hubiera sido necesario el contrato con la ICA, el cual ha resultado por demás oneroso, inefectivo e innecesario.

        El ingreso de Caetano a la Universidad fue fácil por varios motivos: era inteligente y venía con muy buenas notas del bachillerato, no había que presentar ICFES, y no había mucho interés por parte de otros muchachos por estudiar ingeniería, por cuanto las preferencias estaban centradas en la medicina y el derecho, por lo cual en ingeniería de la Nacional había cupo para todos. Claro que esto no quiere decir que Caetano no hubiera podido superar cualquier obstáculo. Se anota esto simplemente a título informativo y no peyorativo (lejos de mi tan repugnante idea!). Y naturalmente, como era de esperar, el paso de Caetano por las aulas universitarias fue todo un éxito. Siempre se destacó como estudiante privilegiado, y si por la época en que él cursó su carrera hubiera existido el premio "León de Greiff" con seguridad Caetano se lo hubiera ganado. Pero precisamente en esa época el maestro de Greiff llevaba pocos años de iniciádo en su vida profesional, de amplio espectro, y no era famoso aún, motivo por el cual el premio no se había establecido todavía.

         Su vida de estudiante la vivió Caetano haciendo lo que hacían la mayoría de los estudiantes de esa época, de la época anterior y de la época actual, ademas de estudiar cuando no les queda otro remedio: trabajando en algo en los ratos de ocio, y enamorándose. Veamos inicialmente el primer aspecto, y después el otro que es mucho más interesante. Caetano tenía una constitución aparentemente endeble, pero su cuerpo era "puro músculo" como frecuentemente se dice, pero sin exagerar. Esto se debió a que estando jovencito vio un aviso en el periódico, de un tal Charles Atlas, que decía: "no sea un alfeñique, no se deje tratar mal", y a Caetano le entraron grandes deseos de tomar el curso por correspondencia, que era la manera como se ofrecía.

 

        Pero no tenía los medios económicos para hacerlo, y no podía cometer el abuso de pedirle a su querida mamá que se lo pagara. Sin embargo, el pago del curso lo pudo hacer un poco mas tarde, por cuanto estando en segundo año de la carrera le dieron un contrato para hacer un levantamiento topográfico parcial de Barrio Colorado, en donde habían atentado exitosamente contra la vida de Rafael Uribe Uribe. El levantamiento topográfico no tiene nada que ver con el asesinato, y el barrio ya no existe. Mejor dicho, existe pero bajo el nombre de Universidad Javeriana. En fin, dicho contrato le permitió a Caetano comprar el curso de gimnasia, y con el paso del tiempo adquirir musculatura suficiente para dejar de ser un alfeñique.

        Y dicha constitución flaca pero fuerte le permitió aceptar varios contratos temporales durante las vacaciones, para viajar a campamentos en los cuales se llevaban a cabo diversas obras públicas, campamentos que sus condiciones geográficas y físicas requerían gente aguerrida. Caetano no le tenía miedo al trabajo, después de haber visto como su madre se pegaba unas madrugadas tremendas para ir a dar clases de inglés. Y era fortachon y flacuchento gracias a Charles Atlas. Así pudo aceptar varios encargos por demás interesantes, en un momento en que la red vial colombiana estaba verdaderamente iniciándose, mucho antes de que se inventaran el Ministerio del Transporte, el Invima y los préstamos del Banco Mundial. Caetano era feliz manejando el teodolito, verificando la plomada, diseñando las denominadas "obras de arte" (las cuales no son otra cosa que las alcantarillas de las carreteras), y calculando los ángulos con la efectiva ayuda de una regla de cálculo alemana de treinta y dos centímetros que le había regalado el profesor Albornoz, su mentor en el campo de los planos inclinados y las matrices secuenciales.

         En el curso de estas experiencias Caetano participó en cinco proyectos diferentes, la mayoría de ellos en tierra caliente, a donde viajó adecuadamente vacunado contra la fiebre amarilla. La vacuna la obtuvo gratuitamente en el Instituto Samper Martinez de la calle 57, y que tenía una validez de diez años, suficiente para lo que se quería. Y siempre llevaba con una buena dotación de suero antiofídico, el cual era necesario tener a la mano "por si acaso", que también lo suministraba el mismo Instituto. Sin embargo nunca tuvo problemas de picaduras o mordeduras, y posteriormente vino a morir de ..... , perdón, no nos precipitemos! Estos contratos de trabajo le dieron a Caetano no solamente mucha experiencia, sino también una buena distracción durante la época de vacaciones. Y además hicieron posible que él contara con unos relativamente modestos pero efectivos ahorros, que utilizó en cubrir primordialmente sus necesidades financieras relacionadas con la segunda pasión: aquella que sentía por Isabel! Claro que hay que anotar que, después de haber conocido a Isabel, Caetano hubiera preferido distraerse en las vacaciones con ella y no trazando carreteras en regiones mas o menos selváticas. Pero el que algo quiere algo le cuesta, y por ello él prefería gastar dichos meses trabajando, pero obteniendo fondos para distraerse posteriormente, durante mas meses.

        En verdad, la pasión por Isabel surgió, como es costumbre en estos casos, en forma imprevista. Una tarde de abril su tío José, quien era su contemporáneo, le dijo que en dos días habría una "soire" (en esa época no se decía 'áchanga' ni cosa parecida) en casa de las Osuna, y que le gustaría que fuera, pues eran unas niñas muy simpáticas. En realidad a José le gustaba mucho la mayor, Leonilde (aún cuando facilmente y de lejos se notaba que era mayor que él). A pesar de que Caetano tenía examen de cálculo la semana siguiente, y de que consideraba necesario comenzar a prepararse para aquella prueba, resolvió ir a donde lo invitaba su tío, y allí la suerte quedó echada!

 

        No fue mas que entrar a la casa de las Osuna, y ver a las cuatro hermanas, que Caetano cayó rendido ante Isabel, que en ese momento se acercaba desde la cocina con una bandeja de empanaditas. No es que ella fuera de una belleza despampanante, era que tenia un algo muy especial. Como decían unas parientas mías, tenia un "it" muy particular. Así pues, se inició un romance que en su etapa pre-matrimonial duró cuatro años, y que en su etapa post-matrimonial estaba destinado a durar para toda la vida, pero que en realidad duró menos que el noviazgo. Entre otras cosas, vale la pena anotar que en el examen de cálculo Caetano sacó 4,8, algo excelente! No es este un cuento de hadas, así que no crean que la duración del noviazgo fuera muy larga. Acuérdense que estamos leyendo la historia de Magüita, a quien considero con muy mala suerte. Así que esperen no mas! El noviazgo no se pudo convertir en matrimonio antes de los cuatro años, por cuanto Caetano continuaba estudiando y aparte del aire, los novios no tenían de qué vivir. Por eso tuvieron que esperar a que él terminara de estudiar, se graduara y consiguiera un trabajo que les permitiera vivir en forma independiente. Por eso, decidieron tener paciencia y esperar. Además, no tenían alternativa diferente que esperar.

        Sin embargo, la naturaleza de dichos planes, cuando se hicieron evidentes, constituyeron un verdadero golpe, casi que una desgracia según calificación muy reiterada, para Magüita. Otras gentes también lo consideraron así. Ella esperaba que Caetano se convertiría en su punto de apoyo durante su vejez y su pre-vejez, lo que se conoce hoy en día graciosamente como la tercera edad. Pero se hizo claro que Caetano tenía otros planes, primordialmente planes matrimoniales, y en alguna forma se pensó que había olvidado hasta cierto punto a su sacrificada madre. Naturalmente esto dejó un sabor amargo en Magüita, quien no esperaba tales desarrollos. Los cuales se hicieron evidentes poco tiempo después de que Caetano e Isabel se conocieran, por cuanto aquel hizo instalar una segunda línea telefónica en su casa, para poder hablar horas y horas con su amada. No sabemos si en casa de ella sucedió otro tanto, o si sus hermanas se mantenían protestando. En todo caso, Magüita se dio plena cuenta de que la cosa iba en serio, y tuvo que resignarse a seguir dando clases de inglés. Y también en cierta forma se lamentaba, en su fuero interno, no haber aceptado una de aquellas propuestas de matrimonio que le habían hecho cuando era mas joven. Pero desafortunadamente, a estas alturas del campeonato, ya era demasiado tarde!

        Y naturalmente, toda esta situación hizo que la pobre Magüita viera venírsele encima otra de esas situaciones trágicas y penosas: la pérdida de su hijo, nada menos que de "Caetanito mi'jo" por culpa de Isabel y de su próxima boda. Pero ella era verdaderamente una mujer de mucho valor, y con la generosidad de una madre fue, sin titubear, a visitar a su quasi amigo el Presidente Olarreaga, a pedirle ayuda para que Caetano consiguiera un puesto permanente de ingeniero en alguno de los tantos frentes de trabajo existentes en el país. El Presidente era quasi amigo, porque estaba casado con una verdadera amiga de Magüita, Pepita Lozano, quien era su antigua compañera de vida social. Por motivos desconocidos para nosotros, pero que consideramos en principio plenamente justificados dadas sus múltiples ocupaciones y compromisos, el Presidente se negó a recibirla, y encargó a uno de sus ayudantes para que lo hiciera. Pero el orgullo de Magüita primó sobre la conveniencia, y ella se negó a hablar con el ayudante, alegando que era o todo o nada, y estupida y orgullosamente ella prefirió nada. Y así quedó el asunto. Pero Dios no castiga ni con palo ni con piedra, decía ella años mas tarde. En una oportunidad posterior, en la que el Presidente se acercó a saludarla en una reunión social, Magüita no tuvo inconveniente alguno en voltearle la espalda, hecho del cual se enorgullecía ardorosamente, prácticamente hasta su muerte. Sin razón, porque Caetanito mi'jo se quedó sin puesto!

 

        Se quedó sin puesto oficial, y ya faltándole solamente quince días para graduarse apareció un amigo de él, quien había sido su profesor de dinámica cuántica (una materia realmente novedosa en ese entonces) en segundo año, y quien estaba manejando una empresa en Buenaventura, y requería una persona de confianza que le sirviera de segundo de a bordo. Pero lo quería para dentro de poco tiempo. Así pues, eso fue "tumbando y ......", como dice el dicho popular. Caetano fue donde su mamá y le comunicó que se casaría en tres semanas. También fue a hablar con los papás de Isabel a comunicarles lo mismo, y ellos dijeron que el problema era que. Pero no hay ques que valgan, pues Caetano mostró energía, e Isabel también mostró energía, y entre los dos mostraron tal amor, pasión, deseo y decisión, así como tanta energía, que a los señores Osuna no les quedó mas remedio que aceptar la fecha del matrimonio y ponerse a ver como hacían una fiestica con pocos invitados y a la carrera. Pero que conste que estos afanes eran por la urgencia con que requerían a Caetano en Buenaventura, y no por razones "de estado" de la contrayente. Ese estado vino después, y bien pronto, afortunadamente.

        Así pues, los novios contrajeron matrimonio y después de tomarse la champaña de rigor, tomaron el tren a Girardot, que salía a las cuatro de la tarde. Como es fácil imaginar, el matrimonio se celebró al medio día, y la fiestica duró lo que dura un merengue en la puerta de una escuela. Poquísimo! Desde Girardot deberían continuar viaje en diversos medios de transporte hacia su destino portuario. Y aprovecharon las escalas para ir organizando su movida luna de miel. Y pasaron muy contentos, como toda pareja de recién casados en luna de miel. Finalmente llegaron a Buenaventura, y se alojaron temporalmente en el Hotel Estación mientras el amigo de Caetano, su nuevo patrón, les ayudaba a conseguir un vividero mejor, el cual lograron a las dos semanas. Y así comenzó la verdadera vida de casados de Caetano e Isabel, cuando esta última tuvo que hacerse cargo de su casa, tarea para la cual estaba poco preparada. Él, por su parte, tenia muy presente a su mamá, pero tenia a Isabel mucho mas presente, por cuanto ella estaba de cuerpo presente. A pesar de ello, y para demostrarle que no la había abandonado, trataba de llamar a su mamá a Bogotá cuantas veces podía, mas o menos dos veces por semana, cosa que por ese entonces no era fácil, pues la comunicación no era con DDI sino con operadora, y entre uno y otra hay una diferencia abismal. Y un abismo insondable. La operadora tiene una frase preferida y permanente, la cual además le sirve para explicar cualquier situación o mal servicio: "viejita, dame línea", y uno puede oír repetir dicha frase y ver como pasa el reloj, y nada que se consigue la conexión telefónica.

        La permanencia de los Ordoñez Osuna en Buenaventura se vio alegrada por la noticia que una tarde le dio ella a él: para dentro de algunos meses esperaban la llegada de un heredero. Fue felicidad inmensa la que sintió Caetano, porque esperaba con verdadera ilusión e impaciencia la llegada de su primer hijo, el cual necesariamente tenía que ser varón, y al cual inclusive ya le había escogido nombre, en forma por demás unilateral e inconsulta, desde hacía algún tiempo: Ramiro Sinforozo, en honor a los abuelos del criaturito. Esta situación, que se observa con alguna frecuencia, es muy noble por parte de los padres, pero constituye un verdadero abuso, pues se le imponen a bebés que no tienen la culpa algunos nombres que son verdaderamente una afrenta para la humanidad. Así pues, los dos futuros padres, después de haberse quedado inicialmente mudos ante la linda sorpresa dada por Isabel a Caetano, y de proceder posteriormente, cuando recuperaron el aliento, a felicitarse mutuamente, se dirigieron al teléfono para pedir sendas llamadas a sus padres a Bogotá; claro que en el caso de Caetano la llamada era solamente para su madre, por cuanto ya sabemos que el padre había fallecido hacia muchos años, y Magüita no había querido darle un papá postizo. Las llamadas se demoraron algún tiempo, como era normal: cinco horas la destinada a los Osuna, y siete aquella que iba a Magüita. Y no tuvieron mas remedio que esperar, aun cuando no pudieran salir de la casa. Claro que afortunadamente era día de vacación en la empresa donde trabajaba Caetano, porque habían escogido ese jueves para cambiarse de lugar, a un local que quedara mas cerca del puerto.

 

        Lógicamente, en Bogotá hubo mucho alboroto y regocijo. La noticia se fue regando como pólvora encendida, y a los pocos minutos ya era vox populi entre la familia. La primera reacción de Magüita fue buscar una lana adecuada y ponerse a tejer un par de patines. Pero poco después, cuando ya llevaba ocho carreras, comprendió que debía tejer los patines en hilo de algodón, pues con el calor de Buenaventura el pobre bebé no iba a poder aguantar los de lana. Sin embargo, pensando en que su hermana Reinita también estaba esperando su primer bebé, y ella si vivía en Bogotá, resolvió terminarlos y más bien comenzar otros en hilo de algodón tan pronto pudiera. Y además se acordó que tampoco hubiera podido empezarlos en algodón en ese momento, toda vez que primero tenía que ir a comprarlo. Entre otras cosas, Reinita no solamente se alegró de la noticia del embarazo de Isabel, sino que la idea de los patines le pareció regia, y le pidió a Magüita que de una vez le tejiera tres pares, todos blancos, dada la incertidumbre sobre el sexo de su criatura, asi como la disponibilidad de una lana de buen color.

        Los Osuna anunciaron que desde ahora ellos se comprometían a regalarles la cuna. En realidad, ellos conocían un carpintero muy bueno en Chapinero, el maestro Millán, que hacia bonitas cosas torneadas y taponadas en el tono que uno quisiera. Ese carpintero vivia abajo de la Iglesia de Lourdes, y calcularon que a pesar de lo incumplidos que eran todos los carpinteros, habría tiempo suficiente para que entregara la cuna antes de que naciera el bebecito. También indicaron su voluntad de comprar una bañera, y le preguntaron a Magüita si ella sabía donde las vendían, cosa que esta ignoraba. Realmente le ha debido preguntar a otra persona, pues Magüita hasta ese entonces se habia concentrado básicamente en sus clases de inglés, y poco se había interesado en el abundante equipo que requiere un recién nacido. Aparentemente supieron pronto, pues nunca mas volvieron a preguntar. Pero la bañera sí estuvo lista en el momento oportuno.

        A todas estas, Caetano e Isabel la estaban pasando de maravilla, pero en forma bastante extemporánea e inoportuna recibieron la noticia de que la empresa donde aquel trabajaba iba a sufrir una reestructuración, y que posiblemente iban a cambiar al gerente. Toda vez que Caetano era el hombre de confianza de quien ocupaba dicha posición, comenzaron a hacer fuerza para que tal cambio no tuviera lugar, pero a los quince días justos se confirmó el cambio de gerente, así como la posesión del nuevo jefe. Este resultó ser uno de los sobrinos del principal accionista, don Julio Cáceres. Y justo a los ocho días de haber asumido su cargo informó al personal que su asistente sería a partir del próximo mes nada menos que su hermano, que había cursado dos años de derecho, y en vista de que había suspendido clases por malas notas (mejor dicho, porque lo habían rajado), se encontraba sin puesto; pero les informó que sus antecedentes lo hacían parecer el asistente ideal. Solución esta de lo más absurda, pero que también tiene ocurrencia hoy en día, con cierta frecuencia. Preocupante, verdad? La verdad es que sí! En resumidas cuentas, Caetano se quedó sin puesto. Y a título anecdótico es bueno informarles que el asistente fue un desastre, y la empresa se fue al trasteal poco tiempo (mejor dicho, se quebró) por culpa del nuevo gerente. No nos alegramos de esto, pero si sentimos fresco, fue el comentario de Caetano e Isabel cuando lo supieron.

        Ante los hechos narrados en el párrafo anterior, los futuros padres emprendieron el viaje de regreso a Bogotá, con el ánimo bastante decaído, pero resueltos a salir adelante. Llegaron a hospedarse en casa de los padres de Isabel, en donde esta quedaría mas cómoda. Y Caetano inició la búsqueda de un nuevo puesto. Tenía un curriculum muy positivo en materia de estudios, y muy limitado en materia de experiencia profesional, pero en ese entonces era más fácil conseguir trabajo, toda vez que la competencia era mas reducida, y la economía nacional estaba en pleno apogeo. No había ni crisis ni recesión. Se estaba invirtiendo mucho en nuevas empresas, y era de presumir que dadas sus calificaciones, él no tendría mayor dificultad en encontrar un puesto. Y por la época en que Caetano se encontraba haciendo gestiones, presentaciones y entrevistas, tuvo lugar un acontecimiento que a mi modo de ver tuvo una gran importancia, por lo cual merece párrafo aparte:

 

        Nació el autor de esta obra. Es decir: nací yo. Y ustedes comprenderán por qué califico dicho acontecimiento como de gran importancia, y por qué le doy a esta noticia un párrafo aparte. Puede que para ustedes no sea tan importante, pero para mí, sin duda alguna, si lo es! Las circunstancias de mi nacimiento no son notables, excepto que este se produjo bastante después de que mis padres se casaron (esto ya se sabía desde el cuarto párrafo de este libro). En cualquier caso, el acontecimiento queda así debidamente destacado, no creen?

        Por razones aun desconocidas, el alumbramiento de mi madre (mi nacimiento) tuvo lugar en la casa de mis padres, la cual estaba situada exactamente en la esquina de la calle 54 con la carrera 13, donde hoy en día hay un edificio en que hace algún tiempo hubo un almacén de muebles. Todavía no se entiende por qué no nos dirigimos (mi mamá y yo) tranquilamente a la Clínica de Marly, en donde inclusive mi mamá había establecido muy buenas relaciones por haber sido la proveedora de la leche que le daban a los enfermos, como se explicó mas atrás. Y vale hacer énfasis en que la leche, a pesar de no ser pasteurizada (en realidad el invento del señor Pasteur no se había popularizado mucho en Bogotá, y no se utilizaba aún en forma generalizada) era de muy buena calidad.

        Para efectos de mi nacimiento, hubo que improvisar en la casa una especie de sala de partos, y como en toda película que se respete, hubo que hacer hervir varias ollas de agua. Estaban presentes el médico, una enfermera ayudante, mi tía Clementina (la esposa de mi tío Enesto), quien estaba encargada de aplicar el éter, y mi papá. Hubo dificultades técnicas y logísticas para dicha aplicación, por cuanto en el momento en que mi tía se disponía a colocar la mascarilla en la nariz de mi mamá, a mi papá lo impresionó mucho la escena y tuvo la pésima idea de desmayarse, ante lo cual mi tía no tuvo mas remedio que olvidarse del éter y atender a mi papá, el cual se recuperó justo en el momento en que me oyó llorar por primera vez. Durante el desarrollo de la sesión, es decir, mientras el parto, no tuvieron lugar otros acontecimientos dignos de destacarse, siendo suficientes los anteriormente relatados. El niño pesó alrededor de tres kilos y midió cerca de cincuenta centímetros, y una vez debidamente limpiado y arreglado, comenzó a ser la alegría de sus padres. La cual, tengo que decirlo, se prolongó por muchos, muchos años.

        Por qué hago esta mención sobre mi nacimiento, en medio de un relato sobre las gestiones de Caetano para encontrar puesto, y cuando la historia de Magúita está logrando su climax? Simplemente porque precisamente unos días despues tuvo lugar otra de las tragedias que llenaron la vida de Magüita. Pero considero que dada la naturaleza de lo que está por relatarse, lo mejor que podemos hacer es pasar a un nuevo capítulo.

 

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Fin del Capitulo Cinco: CAETANO Y SUS PROEZAS
 

 
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