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CAPITULO SEIS MUERTE Y NACIMIENTO, EN ESE ORDEN Copyright©2001 |
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| Elenco | ||
| Capítulo Cero | ||
| Capítulo Uno | ||
| Capítulo Dos | ||
| Capítulo Tres | ||
| Capítulo Cuatro | ||
| Capítulo Cinco | ||
| Capítulo Siete | ||
| Capítulo Ocho | ||
| Capítulo Nueve | ||
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Presumo que probablemente ustedes no lo saben, y por esa presunción me apresuro a informarles que quien esto escribe nació en 1934. Y es posible que no lo sepan, a pesar de haberlo dicho anteriormente. Si este es el caso, se ve que no están poniendo mayor atención a lo que están leyendo. Además, si este libro tuviera carátula de cartulina, con seguridad dicho dato aparecería en la nota bibliográfica que generalmente aparece en la contratapa. En cualquier caso, lo relacionado con el año de mi nacimiento tal vez no tuviera importancia en circunstancias normales, pero aquí cabe anotar que efectivamente dicho año se hizo famoso, pasado algún tiempo, por haber sido testigo de varios acontecimiento de la mayor importancia. Y estoy seguro que dicha importancia se confirmaría si consultáramos el calendario chino, y pudiéramos apreciar que dicho año de la era cristiana corresponde al año del perro. Nada menos que el mejor amigo del hombre. Aún cuando algunos dicen que el hombre es el mejor amigo del perro. Pero como tal animal no tiene realmente nada que ver con la historia de Magüita, a quien no le gustaban para nada dichos cuadrúpedos, y mas bien les tenía miedo, mejor no insistamos en el tema. Pero quiero que ustedes vean, con detenimiento, por qué fue notable y famoso dicho año:
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Bueno, habiendo demostrado que 1934 fue un año importante desde muchos puntos de vista, retomemos la historia de Magüita, para ver cómo ella sufrió otra gran tragedia ese año. Este es el verdadero motivo por el cual me he permitido destacar a 1934. Como se dijo anteriormente, en ese año nacimos el autor de este libro, Marisol e Iginio, exactamente en ese orden. Eso permitió a las madres de estos dos últimos bebecitos prepararse para muchos aspectos de los que se les venía encima, aprendiendo de las enseñanzas de mi madre, quien gustosamente les ponía a la orden a su bebé para que allí opbservaran y si era el caso, practicaran. Sobra decir que esto lo hizo mi mamá sin consultarme. Y una de esas sesiones se refería al baño, es decir, aquella ceremonia en que con mucho cuidado se sumerge al bebé en agüita tibia para limpiarlo de todas las impurezas que ..... (pero no hay necesidad de hablar de estas cosas tan prosaicas). Por lo general a continuación del baño se le seca muy bien y se le rocían polvos de talco, y el niñito queda con un aroma delicioso, que le dura por lo general un rato bastante corto. Hay que puntualizar que hoy en día poco se usan los polvos de talco, y que los pañales de tela han sido casi que totalmente reemplazados por los desechables, aún dentro de las clases menos favorecidas. A una de estas sesiones de baño fue que asistieron Caetano e Isabel, y que horror y tragedia grande, fue esta la última salida de él, antes de caer enfermo! Cabe aclarar que esto de haber asistido al baño de Carlos, el hijo de Reinita y autor de estas líneas, no tuvo nada que ver con lo que después le sucedió a Caetano. Y que quede bien claro, porque después uno no sabe si, con las malas lenguas que hay, alguien va y le echan la culpa. Simplemente se registra como dato curioso e interesante, toda vez que mucha gente habló de esto. En verdad, cuando Caetano estaba saliendo de su casa para ir a lo del baño le comentó a Isabel que tenia una cierta molestia en la garganta, y que esperaba que esto no le fuera a causar problema alguno a su sobrino. Ella le dijo que no tenía importancia, que no se le acercara mucho, y que mas bien tomaran un taxi para no irse a perder del baño. Y el taxi los llevó rápidamente a la 54 con 13, y llegaron efectivamente a tiempo. En realidad, la única persona de la familia que tenía carro en esa época era la tía Ismenia, la viuda de Porfirio Gutierrez. Y esta señora prestaba su carro para cosas importantes de la familia, y principalmente para sacar a pasear a su hermana, la Mamá Señora. Pero no iba a prestar su carro para que un par de jóvenes fueran a ver bañar un niño, ni mas faltaba. El hecho es que los futuros padres fueron a la casa de Reinita, vieron bañar al niño, les pareció que había estado muy juicioso, y quedaron encantados con Emelia, la enfermera. En vista de que estarían próximamente desempeñando el honroso y a veces cansativo papel de padres, pidieron a Emelia que les reservara su trabajo, pues querían contratarla para que ayudara a Isabel cuando naciera Ramiro Sinforozo, quien daba patadas sin ton ni son, por lo cual confirmaron plenamente que sería un precioso niño. Concluido el baño volvieron a su casa, siendo aproximadamente las siete de la noche. Nunca nos contaron en que habían regresado, pero presumimos que fue en otro taxi, y también presumimos que este los llevó en forma rápida y segura. Al llegar a casa Caetano dijo que seguía molesto, y a renglón seguido Isabel le puso el termómetro, y como tenia treinta y ocho y medio, resolvió llamar al doctor Arbelaez, que era el médico general amigo de la familia. |
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El doctor, que estaba comiendo en ese momento, y le daba pereza ir a ver a Caetano a su casa, dijo que lo mejor era que hiciera unas gargaritas de permanganato de potasio, (y que tuviera mucho cuidado en no tragárselo), para lo cual debería disolver media cucharadita de las del café en una botella de agua. Le preguntaron que tipo de botella, a lo cual el doctor contestó que una botella de esas que siempre hay en las casas. Y que fuera mañana al consultorio, por la tarde, para echarle una miradita. Caetano procedió a hacer lo que decía el doctor, y tan de buenas que había en la casa permanganato porque ocho días antes la muchacha del servicio le había mostrado a Isabel el dedo gordo del pie, sobre el cual señaló que tenia un uñero en la uña. Esto no era un pleonasmo, sino una infección, y se sabía que el permanganato era regio para esto. Y en realidad la muchacha se mejoró rápidamente, y en solo tres días se le quito el pleonasmo, mejor dicho, el uñero en la uña. En todo caso, Caetano pasó una noche de perros, como se dice. Le dolía el cuerpo, le dolía la garganta, y a Isabel le dolía no haber insistido con el doctor Arbelaez en que fuera a verlo. Después de mucha insistencia, lograron que el médico pasara a visitarlo como a las ocho de la mañana, y lo encontró sorpresivamente deteriorado. Tenia la mirada un poco vidriosa y la temperatura ya estaba en 39 y ocho. Al mirar la garganta, comprendió que la situación no era nada fácil, y ordenó un frotis de inmediato, para lo cual debería ir al laboratorio de la clínica de Marly a cargo del doctor de Francois. Y mandó una nota especial al jefe del laboratorio indicándole la urgencia del resultado. Como a las diez de la mañana ya habían tomado el frotis, y como cosa excepcional el doctor de Francois prometió entregar el resultado a las cinco y media de la tarde. Y a esa hora llamó al doctor Arbelaez y le comunicó que su distinguido paciente tenia nada menos que difteria! Esta enfermedad es grave, pero en esa época era mucho mas grave. Y el único remedio apropiado para tratarla era el suero anti-diftérico, el cual no estaba disponible en la Clínica, sino solamente en el Hospital de San Juan de Dios. Entonces recurrieron a la tía Ismenia, pidiéndole el favor de que prestara su carro para ir a comprar tres ampolletas de suero antidiftérico, de 250 cc cada una. Afortunadamente, por ser jueves, el chofer de la tía salía del trabajo únicamente a las 7 de la noche, porque ese día de la semana llegaba tarde por la mañana. En realidad acostumbraba a acompañar a su señora a la plaza de mercado. Así lo tenia arreglado desde que comenzó a trabajar para doña Ismenia. Ante la noticia de lo que le sucedía a Caetano, la tía aceptó gustosa el préstamo del carro con chofer, además de la plata necesaria para comprar el suero, y la diligencia se cumplió en menos de lo que canta un gallo, es decir, antes de las nueve de la noche el suero ya estaba en casa de Caetano. Y muy pronto después el doctor también estaba allí, y tan pronto llegó, comenzó a aplicarle el suero. La segunda aplicación debería ser hecha seis horas después, es decir como a las cinco de la mañana, para lo cual solicitaron a Emelia, la enfermera que me estaba cuidando a mi, que esa noche se quedara en casa de los Osuna, para aplicar a Caetano la segunda ampolleta antes de que amaneciera. Ella aceptó, y tuvieron que pedir a la tía Ismenia que prestara nuevamente su carro para trasladar la enfermera de la casa de Reinita a la de Caetano. Como ustedes imaginarán, la tía también aceptó, y afortunadamente el chofer estaba todavía en casa de la tía, por cuanto era costumbre que cuando él tenía que trabajar hasta tarde se quedaba a dormir allí en vista de la falta de buen transporte público. Aún estaba lejos de inventarse lo del Transmilenio y lo de las busetas, y la gente se movía primordialmente a base de tranvías, cuyo servicio concluía a las nueve de la noche. Emelia disfrutó mucho del viaje en elegante carro, cosa que no tenía oportunidad de hacer con mucha frecuencia. Y menos en compañía del chofer de doña Ismenia, que era tan simpático. Se dan aquí una serie de coincidencias y detalles que apuntarían a que el final de esta breve historia fuese menos dramático y desafortunado de lo que realmente fue. |
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Y Emelia se quedó allí para aplicar la tercera ampolleta antes del medio día, ampolleta que no tuvo ningún efecto positivo. El doctor volvió a eso de la una de la tarde, Caetano entró en coma a la mitad de la tarde, y murió a las 9 y cuarto de la noche. Esto fue todo un terrible acontecimiento para toda la familia. Lógicamente, Isabel su esposa estaba inconsolable. Fue una cosa tan rápida que ella no lo podía creer. El doctor Albelaez indicó que lo del permanganato no había sido una metida de pata, sino que el ataque de difteria era sumamente fuerte. En esa época no se hablaba mucho de virus, pero si estos ya fueran populares, se hubiera dicho que este era un virus asiático, con toda seguridad. Como fue el caso del estafilococo dorado, que durante algunos años habitó en la clínica del Country, y cuyo origen le achacaron a una señora que dio a luz mellizos dos años y medio después de haber visitado Hong Kong en su luna de miel. Sin embargo, a todo el mundo le quedó la duda respecto a que si lo de las gárgaras no habría sido mas bien una verdadera pifia del doctor Arbelaez. Esto, y el verdadero asesino de Jorge Eliecer Gaitán, solamente se sabrán el día del juicio final. Pero yo creo realmente que para ese entonces poco nos van a importar las respuestas a tales interogantes, pues sin duda alguna tendremos cosas mucho mas importantes en qué ocuparnos. La otra que estaba inconsolable, y con mucha razón, era Magüita. A pesar de que Caetano la había casi que "abandonado", según ella decía, debido a su matrimonio, él siempre estaba pendiente de ella, y ella siempre estaba esperanzada que cuando Caetano consiguiera trabajo (que ojalá fuera bueno y bien pagado), le pasaría una suma mensual, con lo cual ella no tendría que seguir dando clases de inglés. Pero con esta muerte no solamente se causó una gran, grandísima pena a Magüita, sino que se dio cuenta que tendría que seguir dando clases de inglés, y que habría mas niñas en Bogotá que aprenderían algo, por no decir poco, de este idioma. Y el resto de la familia también estaba muy afectada, pues fue algo verdaderamente sorpresivo e inesperado. Además de totalmente inoportuno. Inoportuno por muchos motivos. Caetano estaba en el proceso de conseguir trabajo. Por ello, no gozaba de ningún beneficio laboral, por no estar vinculado a ninguna empresa. Y además, por cuanto aún no se habían adoptado las leyes laborales promovidas por el Presidente de la República varios años después. Menos mal que el doctor Osuna contaba con suficientes medios de fortuna y asumió todos los gastos del entierro. El velorio, que en esa época se hacia en la casa, y los gastos funerarios no eran tan altos como hoy en día. En realidad, la Funeraria Gaviria no se había fundado todavía, y la mayor erogación era el cajón, y la contratación de muchos coches de caballos que funcionaban especialmente para entierros. En las iglesias no cobraban mucho, y las bóvedas en el Cementerio Central no eran demasiado costosas, por cuanto había exceso de oferta. Pero las circunstancias de que Caetano había trabajado poco tiempo en Buenaventura, que había tenido que pagar un trasteo desde el puerto a Bogotá, y que estaba apenas en proceso de instalación en su vida matrimonial, hacen suponer que tendría pocos ahorros. Y en verdad no tenían ahorros, de lo cual informó Isabel a su papá unos pocos días despues. De allí la urgencia de conseguir un puesto bueno, y ojalá bien pagado. Menos mal también que a su regreso de Buenaventura Isabel se había instalado en su casa paterna y no tuvo que salir a buscar en donde vivir en ocasión de la muerte, casi repentina, de su marido. |
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La muerte de Caetano también fue inoportuna, y realmente muy inoportuna, por cuanto Isabel ya estaba de siete meses y medio. Es decir, Caetano no alcanzó a conocer a su muy esperado Ramiro Sinforozo, y este no logró conocer tampoco a su Caetano. Esto hacía doblemente triste la situación de Isabel. Y naturalmente también era algo muy triste en concepto de Magüita, la cual no comprendía cómo, después de tanto sacrificio y esfuerzo, tantas madrugadas y tantas clases de inglés, lo había perdido en forma por demás precipitada, injusta e inesperada. Magüita estaba inconsolable, y se negaba a comer, hasta el punto que se comprobó que en esta etapa inicial del luto perdió siete kilos y medio. Quedo como un palillo, hasta el punto que el doctor Arbelaez, que seguía siendo el médico de la familia, empezó a preocuparse, e insistió para que tomara al menos tres veces por semana sopa de acelgas, y comiera frijoles y lentejas otras tantas veces, para recuperar el hierro. Para ese entonces las píldoras de hierron no erán conocidas aún. Magüita detestaba los frijoles, pero le encantaban las lentejas, hasta el punto que su hermano José le decía que se estaba recuperando y que ya estaba muy parecida a Esau, el personaje bíblico que vendió su promeginitura por un plato de dichos granos. Sin embargo, nunca se me informó sobre su concepto respecto a la sopa de acelgas, pero tengo entendido que le gustaban mucho mas las espinacas, las cuales desafortunadamente contienen menos hierro. El tratamiento, junto con el paso del tiempo, devolvieron a Magüita su buena apariencia, pero no su buen ánimo, el cual entendemos que estaba caracterizado por algún negativismo mas o menos fácil de explicar. Y lógicamente y en su momento, a Isabel le llego su hora, una mañana justo cuando el doctor Osuna se disponía a entrar al baño a afeitarse. Conmoción general en la casa de los Osuna. Aún cuando este no era el primer nieto, sí estaba rodeado de una serie de circunstancias que hacían de su nacimiento algo mas o menos especial. Eso fue llamar por teléfono al médico, vestirse a la carrera, llamar un taxi para ir a la clínica, y agarrar la maletica con las cosas del bebé, todo azul de acuerdo con las aseveraciones de Caetano, secundadas resignadamente por Isabel, con relación a Ramiro Sinforozo. Entonces siguieron unas pocas discusiones, mientras esperaban el taxi: que quienes iban a la clínica, que qué mandaban a hacer de almuerzo, que si le avisaban a Magüita, que si esto y que si lo otro. En fin, a Dios gracias llegó el taxi rápidamente, y no hubo tiempo de resolver la mitad de los interrogantes, por cuanto Isabel estaba que ya no aguantaba mas. Tal vez lo más importante es informarles a ustedes que a la clínica solamente fueron el doctor Osuna y su señora, y que para el almuerzo le dijeron a la cocinera que hiciera los plátanos verdes en patacón, y unas tajadas de chatas que ella misma había comprado ayer en la carnicería Kollier, aquella tan buena que habían inaugurado hacia tres meses. Naturalmente todo esto estaría acompañado de sorbete de curuba y zapote(frutas que estaban en cosecha), sopa de yuca, arroz blanco, y postre de natas que habían comprado también ayer donde Perencejita. Es bueno informar que esta última ya estaba iniciándose en el negocio de comida en una especie de restaurante-tienda que se llamaba Las Magnolias (y que posteriormente se especializó en un delicioso masato que ofrecía con almojábanas, casi mejores que las de la Magola). Perencejita y sus Magnolias fueron casi como las precursoras de las comidas rápidas tan popularizadas hoy en día por McDonald's y sus competidores, pero con la advertencia que los menús en uno y otro lugar son totalmente diferentes, y que solamente hay que pagar regalías al exterior por lo que se consume en el último de los establecimientos citados. No faltaba menos que tuvieramos que pagar regalías en dólares por la sobrebarriga, como pretendía la Nestle hace unos años que pagaramos por el arequipe que dicha fabrica enlataba! |
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Cuando llegaron a la clínica el doctor los estaba esperando, cosa que no sucede con mucha frecuencia. Quizás en esta oportunidad el doctor se sentía un poco conmovido por la situación de Isabel, y por ello tenía mas consideraciones. El hecho evidente es que estaba esperándolas en la puerta de la clínica y las condujo rápidamente a una habitación, en donde Isabel se preparó para entrar mas tarde a la tan famosa "sala de partos". En ese momento, le entró a Isabel un ataque de verdadera nostalgia, y comenzó a llorar amargamente, mas por la falta que le hacía Caetano que por los dolores de las contracciones. Poco a poco la situación fue cambiando, sin embargo. A medida que pasaba el tiempo, Isabel lloraba mas por los dolores que le producían las contracciones que por la falta que le hacía Caetano. Pero de una u otra forma, y por uno u otro motivo, lloraba, y lloraba a pesar de los consuelos que le prodigaba su mamá, las reflexiones que le hacía su papá, y los pocos calmantes que le aplicaba el doctor. En resumidas cuentas, lloró intensamente durante seis horas, que fue el tiempo que demoró el trabajo de parto, como con tanta gracia dicen los médicos. Finalmente llegó el momento de trasladarla a la correspondiente sala. Y en ese momento todo el mundo comenzó a buscar al doctor Osuna, para avisarle que su hija ya había entrado a la sala. El caso es que el papá de Isabel había desaparecido hacía tres horas, aburrido de oír llorar a su hija, y se había ido a tomar un tinto. Y en la clínica no había un lugar en que vendieran un tinto aceptable; solamente había unos termos con un brebaje parecido al café, que ponían en las salas de descanso de los galenos, y que resultaba prácticamente intomable. Así pues, el doctor Osuna decidió salir a la calle, puesto que había visto un pequeño restaurante, parecido a las cafeterías de hoy en día (ciertamente no se trataba de Las Magnolias), en que pensó que podría tomarse un tinto. Entrando allí se encontró con dos amigos, los Mendoza, quienes enterados del motivo de la presencia de su amigo por esos parajes, resolvieron celebrar en forma anticipada la llegada de su tercer nieto. Aquí hay que anotar que una de las hermanas de Isabel ya tenía dos niños, un niño de tres años, y una bebita de diez meses. Así pues, uno de los Mendoza resolvió pedir una botellita de brandy Hennessy, que estaba de moda desde hacia dos años, y comenzaron a brindar. Y entre brindis y brindis, en el curso de dos horas, el doctor Osuna quedó lo que se llama "tronado". Pidió entonces un café grande, y haciendo gala de sus mejores dotes y equilibrio, se dirigió a la clínica, para averiguar cómo iba la cosa. Al entrar encontró a una de las enfermeras que estaba muy "confundida" como dirían los paisas, pues no había logrado encontrarlo por parte alguna, y el bebé ya había nacido. Esto se lo comunicó al doctor Osuna, quien de inmediato preguntó como estaba Isabel, como estaba el bebé, y si su señora estaba muy brava por su desaparición. La enfermera procedió a responder a dichas preguntas, pero en diferente orden a como fueron formuladas: le informó que su señora efectivamente estaba muy brava con su desaparición, y que se iba a poner mas furiosa si lo veía en ese estado, por lo cual le sugería que se tomara otro tinto (y para esta situación el brebaje de los médicos podía servir); que Isabel estaba muy bien, un poco adolorida principalmente por los tres puntos que le habían tenido que coger, y que estaba feliz con el nacimiento, y ya había preguntado cuatro veces por su papá; y por ultimo le informó que el bebé no era un bebé sino una beba, que había pesado dos mil ochocientos gramos, que había medido cuarenta y ocho centímetros, que tenía pelo negro, y que tenía todo lo demás completo y normal. Y que lo esperaban en la habitación 218 para que enfrentara a su mujer, su hija y su nieta, en el orden en que deseara. Y acto seguido la enfermera desapareció como por encanto, como toda enfermera que se respete, las cuales desaparecen en los momentos mas inoportunos. Como es fácil imaginar, el nacimiento de la niña fue todo un acontecimiento familiar. No solo porque fuera niña, lo cual modificaba substancialmente los planes y programas de la familia que esperaba a Ramiro Sinforozo, sino porque rápidamente llegaron a la conclusión de que una niña era mucho mejor, pues las mujeres son mucho mas cariñosas que los hombres. Magüita consideró que con el cambio de sexo se aumentaban sus posibilidades de tener un consuelo en su edad mayor, toda vez que los hijos hombres ya habían dado pruebas en otro sentido, y por ello se puso muy contenta. Y así se inició la vida de esta niña, cuya evolución y desarrollo podremos apreciar en seguida. Así mismo veremos como nadie tiene nada asegurado, y que la vida puede dar muchas sorpresas. |
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Fin
del Capitulo Seis: MUERTE Y NACIMIENTO, EN ESE ORDEN
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Capítulo
Siete - Evolución
y desarrollo: un respiro
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