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CAPITULO TRES LOS PRIMEROS VEINTITANTOS AÑOS Copyright©2001 |
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| Elenco | ||
| Capítulo Cero | ||
| Capítulo Uno | ||
| Capítulo Dos | ||
| Capítulo Cuatro | ||
| Capítulo Cinco | ||
| Capítulo Seis | ||
| Capítulo Siete | ||
| Capítulo Ocho | ||
| Capítulo Nueve | ||
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Magüita vio la luz del día en una tibia mañana. Y era tibia, a pesar de que la ciudad se encontraba en pleno otoño, y en Londres esta estación no siempre es tibia, mas bien presenta una fuerte tendencia a ser bastante fría. Pero aquella circunstancia de una agradable temperatura habría podido ser indicio importante de una vida igualmente agradable. Sin embargo, las circunstancias y todo lo que posteriormente le sucedió a Magüita se encargaron de demostrar lo contrario. Abstracción hecha de la temperatura ambiente (que, en cualquier caso, si era muy fría hubiera podido ser corregida en base a calefactores de carbón) hay que reconocer que Magüita era una bonita bebita, cuya piel era blanquísima, que nació pesando algo mas de seis libras y midiendo como veinte pulgadas. Nótese que estamos usando las medidas locales de su lugar de origen, para hacer de este un relato mucho más fiel y sin fantasías innecesarias! Tan pronto la vio, su madre fue de la opinión de que dicho bebé iba a ser, como piensan casi todas las mamás, una gran compañía y una gran persona. Los dos pronósticos se cumplieron, a su debido tiempo: por una parte se decía que Magüita acompañaba mas que un tiple, y por la otra logró un metro y setenta y cuatro centímetros de estatura, que para esa época era muy buena longitud, es decir, una estatura casi que notable. Hoy en día, con tanta vitamina, suplemento nutricional, ejercicio en gimnasio, musculación, y natación a temprana edad, entre otras cosas, la altura promedio de las chicas supera con creces aquella que alcanzó Magüita una vez logrado su pleno desarrollo. El bautizo se realizó en una iglesita católica que quedaba a cuatro cuadros de la casa en que vivían los De la Cruz en Londres. Por nombre se escogieron varios: Margarita, en honor a su madre, y Teófila en honor a una prima de su padre que había muerto al cumplir los quince años. Presintiendo que posiblemente se iba a dar a la chiquita algún sobrenombre, como era costumbre en la familia, se le agregó el nombre de Magüita, para quedar luciendo el complicado y bastante estrafalario nombre de Margarita Teófila Magüita. El sacerdote, que no hablaba español, no tuvo inconveniente en incluir este último nombre entre los que pronunció para la beba, pensando que correspondía a una reciente adición al santoral. Pero a la larga, sin una explicación realmente válida y sin mayor lógica o fortuna, a la niña se le conoció toda su vida simplemente como Magüita, haciendo caso omiso de Margarita y de Teófila. Esta podría considerarse como la primera demostración de su mala suerte, verdad? La mas tierna infancia de Magüita transcurrió como la de muchos otros niños, rodeada del cariño de sus progenitores, y viendo cómo poco a poco se iba llenando de competidores, es decir, de hermanitos. Pero esto no la afectó notoriamente, toda vez que ella seguía siendo la mayor, y como tal, la beneficiaria de una serie de privilegios otorgados por sus padres, pero principalmente por su papá, del cual fue la preferida durante toda su vida. Privilegios que siempre han existido, pero si hay alguna duda consulten con cualquiera de sus conocidos que sea el hijo o la hija mayor, cualquiera que sea la edad que tengan o la época en que hayan nacido! Por ejemplo, su privilegiada ubicación dentro de la familia le dio a Magüita, a su vez, el privilegio de recibir las luces de sus ayas inglesas, primordialmente en cuanto al idioma. Y este privilegio se tornó en gran beneficio para el futuro, toda vez que gracias a dicho idioma ella pudo sobrevivir en difíciles circunstancias, como se podrá ver mas adelante. Mejor dicho, como se podrá leer mas adelante. En dos palabras, parecía que fuera a ser una persona "muy privilegiada". |
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Algo notable que registrar en relación con la infancia de Magüita? Nada ni notable ni no notable. Fue una infancia normal en la cual se hicieron presentes la salida de los dientes, el aprender a caminar, el aprender a decir palabritas en ambos idiomas (increíble, bilingüe desde chiquita!), las enfermedades de la infancia, los juegos infantiles, y nada mas de particular. También hubo momentos de tensión causada por sus hermanos, por las peleas entre ellos y con ellos, y los consecuentes regaños (bastante suaves) de los progenitores. Normal desde todo punto de vista, verdad? Pero dicho oasis de paz fue enturbiado mas o menos pronto en su existencia por la muerte prematura (en muchísimos casos la muerte es prematura) de su hermanita Elvirita. Esto fue por demás rápido: un día amaneció llorosita, siguió llorosita durante la mañana, y finalmente llamaron al médico quien dijo que no era nada grave, y por la noche "volaba" en fiebre y así siguió, con algunos medicamentos, hasta que su cuerpo no resistió mas. Aparentemente otro error médico, que resulto fatal. Y que conste que el médico era inglés! Triste realidad, que afectó a Magüita en diversas formas, y la llevó a preguntarse, como muchos otros niños en situaciones similares, si sería que ella había hecho algo malo. Sus papás se esforzaron por quitarle esta idea de su cabeza, cosa que no resultó muy fácil, y Magüita se despertaba frecuentemente con pesadillas. Esta fue tal vez la primera vez en que ella se dio cuenta que aquello de que la "vida es una melodía" puede que sea cierto en varios casos, pero ciertamente a ella no le fue fácil lograrlo. Poco tiempo después de la muerte de Elvirita, don Sinforozo resolvió dejar a Londres en forma definitiva para darle un respiro a la triste situación afectiva por la cual atravesaban tanto él como su mujer, principalmente esta última. Para este fin, dispuso todo lo necesario para trasladar la familia a Bogotá, donde posiblemente se sentirían mas cómodos, como quien dice, en su casa. En realidad, él no había vuelto a Colombia desde que aquel médico le dijo que se fuera a morir a Europa, como se relató anteriormente, y doña Margarita mamá no había visitado el país en muchos años. Así pues, la familia se dispuso a viajar a Colombia, para lo cual se procedió a alistar el menaje doméstico. Esto constituía una hazaña, toda vez que por ese entonces no existían las empresas especializadas en mudanzas internacionales, que se han popularizado gracias a las empresas fabriles multinacionales que no tienen inconveniente alguno en mover a sus ejecutivos de un lugar a otro, y sin miramientos de ninguna clase en cuanto a costos. Por tal motivo, se contrataron una serie de empleados que hicieron, bajo la dirección y ojo avizor de don Sinforozo, el embalaje del menaje. Hay que reconocer que dicha dirección, tanto como el ojo avizor, hicieron posible que todos los bártulos familiares llegaran en buen estado a su destino. Y no solamente llegaron, sino que constituyeron en los años subsiguientes lo que se llamó "restos del antiguo esplendor" para beneplácito y orgullo de quienes los han ido heredando poco a poco, y en algunos casos para alegría de quienes lograron comprarlos en ocasión de los múltiples trasteos que efectuó la familia. |
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Sin embargo, esta mudanza, por las numerosas pérdidas que ella entrañaba, constituyó para Magüita posiblemente el segundo acontecimiento de tipo negativo (y muy posiblemente, desde su perspectiva limitada, de naturaleza bastante trágica) que tuvo que afrontar en su infancia. La pérdida de su querida Londres, la pérdida de Miss Alice su aya, y a quien Magüita cariñosamente le decía "milise", la pérdida de su perrito Hub, al cual no dejaron embarcar por miedo a que en la travesía le diera alguna enfermedad por cuanto ya estaba muy viejo, la pérdida de sus amigas Chip y Dale (cuyos dientes salidos sirvieron de inspiración posteriormente para el cuento de las ardillitas), que ocupaban la casa vecina y con quienes jugaba en el parque cercano por las mañanas cuando no hacia mucho frío y no estaba lloviendo (presumiblemente muy pocas veces al año, si había que cumplir con estas dos condiciones), además de otras pérdidas cuya enumeración resultaría un poco cansona. Todo ello impactó negativamente a Magüita, y la predispusieron en forma similar en contra de Bogotá. Además, a Bogotá iba a llegar sin conocer a nadie, ni siquiera a sus parientes más cercanos, la mayoría de los cuales no había conocido en Londres, pues no habían tenido la plata que se necesitaba para emprender semejante viaje. Y esto naturalmente causaba susto y ansiedad en el ánimo de Magüita. A las únicas primas que conocía era a las Restrepo, hijas de su tía Elvira . Ella era la casada con Jorge Restrepo, quien había muerto hacia poco en Londres de lo que entonces se denominaba "cólico miserere" y se consideraba como mortal en todos los casos (hoy en día conocido como apendicitis, facilmente tratable), el cual degeneró en peritonitis por haber sido mal diagnosticado, y simplemente adios al amigo! Pero en general ellas eran como tan bobitas, que poco iban a contribuir a la felicidad de Magüita en Bogotá. Además, llegaba a estrenar niñera. Llegaba a hablar español, que aún cuando ella lo hablaba correctamente, le hacia añorar su querido idioma inglés. Y llegaba, según le informaron sus padres, a establecerse allí, sin esperanza de volver a viajar, quien sabe por cuanto tiempo. Y algunos meses después de llegar a Bogotá y cuando Magüita pensaba que ya tenía superada la etapa de la competencia con sus hermanos, se enteró de que sus padres todavía estaban interesados en perpetuarse un poco mas en el tiempo, toda vez que consideraban el cuatro como un número muy simple, y querian algo mas cabalístico, como el siete. Así, poco tiempo después de llegar se dio cuenta del nacimiento de su hermanita Ismenia, y sucesivamente después (en forma escalonada) de la venida al mundo de sus dos hermanos, los menores de la familia. Y para colmo de males, a Ismenia comenzaron a decirle Reinita desde muy pequeña, y esto también molestó a Magüita, y hasta encontramos que posiblemente tenía mucha razón en sentirse molesta por ello. En realidad, es así cómo en esta forma y en pocos años, ella pasó de ser la bebita consentida, a ser la mayor de los seis hermanos sobrevivientes, y como hermana mayor debería comportarse sin hacer ni diabluras ni payasadas, y en todo momento debería dar buen ejemplo a sus hermanos. Esto tuvo mas de malo que de bueno, por cuanto contribuyó en una temprana edad a formar su carácter austero y muy serio, carácter que con alguna frecuencia resultó inconveniente, habiéndole hecho, muy probablemente, la vida más difícil. A pesar de todo, Magüita logró adaptarse bastante bien a Bogotá. Contaba con varias primas que tenían aproximadamente su misma edad, y con ellas fue pasando su infancia y entrando en la adolescencia sin mayores traumatismos. Y no se crea que le estoy buscando situaciones negativas en todo momento. Es que fueron muchas las ocasiones en que Magüita demostró que no contaba con una suerte muy positiva. A través de sus primas hizo amigas, y a través de las primas y las amigas hizo amigos, y así fue reuniendo un grupo de amigos que eran mas bien admiradores bastante devotos, pero no correspondidos. Por qué? La razón para esta indiferencia no se conoce con absoluta certeza, y quizás la única explicación es que ella estaba simplemente pensando en su príncipe azul (probablemente incitada por alguna de sus novelas favoritas), príncipe que apareció oportunamente cuando ella estaba, como decían en esa época, en "edad de merecer", lo que es equivalente a contraer matrimonio. |
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Pero antes de entrar a este tema veamos lo que hacia Magüita en su vida normal. Excepción hecha de las clases de inglés que se vio forzada a dar posteriormente, realmente ella hacía muy poca cosa, pero eso sí, todo lo que hacía era normal y legal. Y esta costumbre la perpetuó posteriormente. Leía un poco, mas que todo novelas sin mayor trascendencia, y estamos seguros que de alguna de ellas sacó la idea del príncipe azul que mencionamos atrás, y de quien hablaremos mas adelante. En su casa había muchos libros, pero eran demasiado serios para el temperamento de una muchacha casadera. En realidad, tocaban los temas que a su papá le interesaban mayormente: historia, filosofía y algo de lo equivalente a la ciencia-ficción de hoy en día, representada primordialmente por los relatos de Julio Verne. A Magüita todo esto le resultaba poco atractivo, así que lo poco que conseguía leer eran libros que sus primas Echeverria y Restrepo le facilitaban con gran generosidad y discreción, mas o menos a escondidas. Y ello primordialmente porque don Jorge Restrepo, el marido de la tía Elvira, había fallecido hacia pocos años, y a la doña poco le interesaba la historia, la filosofía o la ciencia-ficción, y por ello en su casa había libros de otra naturaleza, sin imposición suya y mas bien dependiendo de los gustos de sus hijos. Y también porque don Germán Echeverría, el marido de la tía Emperatriz, era tan materialista que lo que mas le preocupaba era el mantenimiento de su Palacio Echeverría, y muy poco lo que pudieran leer sus hijos, motivo por el cual en esta casa había realmente toda clase de libros: no solamente historia, filosofía y ciencia-ficción, sino también muchísimas novelas, libros de cocina, y sobre viajes, y hasta algunos de tipo semi-pornográfico. La afición por la lectura de novelas, básicamente novelitas rosa, la conservó Magüita hasta su muerte, como veremos posteriormente. O dicho en otra forma, como leeremos mas adelante. También ocupaba sus horas libres en algunas labores domésticas, muy pocas en verdad, que su madre trataba de enseñarle con poco, o mas bien con casi ningún éxito. Es así como nunca aprendió a coser en máquina, ni a bordar, ni siquiera a hacer punto de cruz, ni mantelitos en crochet o en encaje de bolillo, ni a cocinar platos especiales, o postres llenos de calorías, o comida casera, ni a otras tareas a las cuales se dedicaban la mayoría de sus contemporáneas. Solamente aprendió a poner botones, a arreglar floreros, y a limpiar el polvo, tarea esta que detestaba. Además decía que para esto habían las "sirvientas", como despectivamente las llamaba mi suegra. Sin embargo, en lo que sí se destacó Magüita, así fuese en términos relativos, fue en el tejido a mano (sobra la aclaración sobre la "mano" puesto que las máquinas de tejer no habían sido inventadas aún por los japoneses ni producidas masivamente por los chinos de Hong Kong). Pero este arte del tejido a mano no lo aprendió de su mamá sino de una "muchacha" o empleada doméstica (está mejor el apelativo, verdad?) llamada Estercita, que había nacido en Simijaca, y que desde niña había ayudado a pastorear un rebaño de ovejas de propiedad de su familia. Dicho rebaño se esquilaba dos veces por año (en Simijaca lo hacen en enero y julio, pero esto puede variar), y la lana así obtenida constituía la principal fuente de ingreso de la familia de Estercita, pues le tenían mucha desconfianza a la agricultura y a las heladas. Mas bien, entre toda la familia esquilaban las ovejas, extraían la lana, le quitaban las impurezas, la lavaban, y la hilaban. Una parte la vendían, y otra parte la usaban para fabricarse sacos y faldas y otras prendas de abrigo, pues en Simijaca, cuando hace frío, hace frío. Y allí fue que Estercita aprendió a tejer, y con estos conocimientos llegó a la casa de los De la Cruz y pudo enseñar a Magüita a tejer, para lo cual se armó de gran paciencia, y se dedicó con gran ahínco. Debemos apuntar que cuando los miembros mas jóvenes de la familia de Estercita no estaba esquilando o limpiando o hilando la lana, se dedicaban a jugar rayuela, echar trompo o visitar amistades. El problema para la pareja Magüita/Estercita era conseguir la lana para tejer, que no fuera de tipo artesanal, buscando con ello dar una mejor apariencia y acabado a las prendas que la primera iba a tejer. En Bogotá solamente había dos sitios en donde vendían esto: en el almacén de los Vargas, en la carrera octava, quienes la traían de Inglaterra, y en el Pequeño París, un almacén de unos judíos de apellido Simovitz, situado en la calle doce, quienes alegaban que todo lo que vendían allí era francés, y posiblemente sí lo era. En verdad, por ese entonces no se habían abierto todavía ni el contrabando ni el mercado chino, y por ello las cosas eran como eran y no como parecían. El único problema consistía en que, siendo relativamente limitada la oferta de lanas para tejer a mano, el surtido de colores era igualmente reducido. Así pues Magüita tuvo que limitarse en muchas oportunidades a aceptar los colores que le ofrecían los Vargas o el señor Simovitz, y fue así como muchos bebés tuvieron mamelucos color vino tinto, o mitones negros. En fin, paciencia, porque no había mas remedio. |
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El problema de los colores no era tan grave como algunos de los otros aspectos originados en las lecciones que daba Estercita. En realidad ella, siendo originaria de Simijaca y habiendo no solamente vivido en el campo sino también habiendo utilizado lana hilada a mano, no podía en forma alguna sentar cátedra en materia de control de calidad. Y de tal palo tal astilla: si Estercita no daba mucha importancia a este tema, tampoco podía esperarse que Magüita fuera una verdadera propagandista de lo que hoy en día es comúnmente conocido como ISO 9000, o calidad total. Así pues, muchas de las prendas elaboradas con tanta paciencia y tanto ardor por Magüita, nunca fueron utilizadas por los beneficiarios de las mismas, simplemente debido a que en varias oportunidades su diseño estaba bastante opuesto a las realidades fisiológicas de quienes las recibían. Por ello, el tema de los colores de las prendas muchas veces pasaba a segundo nivel de importancia. Claro que no todo lo tejido por Magüita era defectuoso. Mi mamá me dijo una vez que un saquito blanco que yo había recibido de mi tía cuando estaba recién nacido efectivamente lo había usado en forma continua cuando tenía pocos meses. Posteriormente supe que realmente me lo habían puesto solamente dos veces, y durante los nueve meses siguientes lo utilizaron solamente para arruncharme. Pero la verdad es que el tejido sí le ayudó efectivamente a Magüita a pasar muchos ratos, y a propiciar muchos años mas tarde la creación de uno de los primeros "costureros" que hubo en Bogotá. En ese entonces, al igual que lo que sucede ahora, un costurero consistía en un grupo de amigas que se reunían bajo el pretexto de trabajar para hacer una obra de caridad, pero con la motivación verdadera de reunirse para rajar un poco del prójimo. En muy pocas oportunidades las integrantes del costurero ejercían el arte de la costura; en la mayoría de los casos esta tarea era cumplida por terceros, muy posiblemente una de las muchachas del servicio de la propia casa, o la hermana de la empleada de Sutana o Perenceja que cosía tan sumamente bien. Pero cualquiera que sea la situación, se hacía una obra social mas o menos significativa. Y Magüita fue, como ya dijimos, una de las pioneras en organizar este tipo de actividades, en el fondo gracias a las lecciones que recibió de Estercita. Como quien dice, nadie sabe para quien trabaja. En esa época no era común que las mujeres asistieran a la Universidad, como lo mencionamos anteriormente. Magüita no fue excepción, y en el Colegio de las Hermanas de la Caridad solamente cursó hasta el equivalente de lo que hoy en día es séptimo grado. Allí logró un barniz cultural relativamente importante, que le daba capacidad de llevar adelante una conversación entretenida pero no profunda. Su padre, nuestro Papa Señor, influyó positivamente en esto, al inducirla suave pero persistentemente, y en forma gradual, a que leyera algo más substancial que las novelas que le prestaban sus primas. Y posiblemente esta insistencia por parte de don Sinforozo hizo que Magüita no apareciera, como muchas otras de sus contemporáneas, como una mujer totalmente frívola. Por el contrario, los amigos que la conocían bien decían que era apenas parcialmente frívola. Pero eso sí, paciente, perseverante y valiente como pocas. Y si hay alguna duda, van a tener ustedes que seguir leyendo este libro. |
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Magüita se distinguió en su juventud por su bella apariencia. Era alta en comparación con las chicas de su edad, pero tenía un defecto bastante grave: tenía los pies de un tamaño totalmente desproporcionado para su volumen físico. Eran unos pies demasiado pequeños, que no lograban soportar la presión que se originaba en el ángulo de sus pantorrillas (por demás esta decirlo, bien torneadas), por lo cual era frecuente que Magüita cayera al piso irremediablemente y con alguna frecuencia, al perder el equilibrio. Y además, como era una mujer bastante altiva, no tenía por costumbre agachar la cabeza, ni siquiera para ver si había algo con lo que podía tropezar, que la fuera a hacer caer. Por dicha razón estructural ella realmente cayó muchas veces en su vida, pero esto se dice en el buen sentido. Que no se vaya a interpretar mal, puesto que siempre fue una mujer muy digna y bien comportada, a pesar de las múltiples oportunidades que tuvo de no serlo. Volviendo a su belleza, podríamos imaginar que si hubieran estado funcionando para ese entonces los concursos de belleza, con seguridad que ella hubiera tenido que someterse varias veces al examen riguroso de doña Tere de Angulo. Pero este tipo de eventos no se conocía por ese entonces, mas que todo por falta de patrocinadores. Posiblemente para reemplazarlos, así fuese apenas en forma parcial, se utilizaba lo que se llamaba "presentación en sociedad", fiesta inolvidable, desde muchos puntos de vista. En primer lugar, resultaba inolvidable para su oferente por los costos altísimos que ella implicaba. No solamente era arreglar bien la casa (lo cual muchas veces llevaba a la pintura completa de la zona social), sino que también había que organizar comitiva y bebitiva abundante y de buena calidad, hacer el vestido de baile de la niña, comprarle vestido nuevo a la mamá de la niña, mandar a hacer un frac para el papá de la niña (los de alquiler no habían sido popularizados aún), comprarle camisa nueva, al menos, a los hermanos de la niña, y otros gastos de mayor o menor cuantía. Por ello, lo más común era que una o dos veces cada año, algún valiente (y sobretodo pudiente) miembro de la sociedad, organizara una de tales fiestas, la cual servia no solamente para presentar en sociedad a la niña de la casa, sino que dicha ceremonia se hacia extensiva a algunas de sus amigas, para las cuales dicha fiesta generalmente resultaba inolvidable también. Esto de la presentación en sociedad era como la primera comunión: se hacia solamente una vez en la vida. Una vez que la niña ya estaba "presentada", era invitada a las demás fiestas que se realizaban con igual o diferente propósito. Y don Sinforozo, por más valiente que fuera, no era tan pudiente como lo requería el uso y las buenas costumbres, y por ello se abstuvo de embarcarse en una de tales fiestas. Se abstuvo igualmente para evitar que sucediera lo que viví hace pocos días en una casa muy distinguida de un barrio al norte de Bogotá: alguien que estaba bastante pasado de tragos, y ante la información de que el trago se había acabado, comenzó a gritar: "si no tienen plata, para qué dan fiestas!" Por ello, tanto don Sinforozo como Magüita esperaron pacientemente a que alguna de sus amigas se presentara en sociedad. Y esto tuvo lugar poco tiempo después, cuando Solita Valencia, hija de don Manuel Valencia, rico terrateniente de la Sabana de Bogotá, decidió que a Solita ya la había llegado la hora de ser presentada, y a él de vender unas vacas, y echar la casa por la ventana! E invitó a Magüita a la fiesta de presentación, quien asistió portando majestuosamente el vestido blanco que le había prestado su prima Elenita Echeverría, y al cual hubo que hacerle muy pocos ajustes, primordialmente en el corpiño, pues la niña Echeverría era como mas pródiga en esa zona. |
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La fiesta fue un éxito. Magüita llenó su carnet de baile rápidamente, y como era de esperar no comió nada de pavo. En cambio, una de sus primas Restrepo, aquella a la que llamaban Blancuzca porque era bastantico morena (herencia total de su padre, apodado despectivamente de "el negro Restrepo") permaneció sentada la mayoría del tiempo y no atrajo la atención de ninguno de los asistentes. En verdad, las únicas tres piezas que bailó en toda la noche fueron debidas a la cortesía y buena educación del dueño de casa, quien la sacó a bailar en dos oportunidades, y quien también obligó al hijo mayor a hacerlo; este último dijo que si le tocaba volver a hacerlo, mas bien se iba a acostar. Sin embargo, hay que ver que nada está escrito bajo las estrellas: esta Blancuzca conoció poco tiempo después a un empleadito del Banco Francés e Italiano, de quien se enamoró perdidamente, habiendo contraído matrimonio poco tiempo después, a pesar de la oposición de sus mayores. Ese empleadito subió como espuma en el escalafón bancario y se volvió uno de los grandes "cacaos" del banco, a nivel mundial. Sus últimos años, ya retirado, los pasó en una isla de su propiedad en el Mediterraneo, lógicamente cerca de la costa italiana, después de un doloroso proceso que emprendio Blancuzca, no entendemos por qué, de aprender italiano y olvidar el español. Pero ella nunca olvido a sus primas, y siempre fue muy deferente con ellas. Y eso de tener isla propia no es cualquier bobería, por mas que en el Mediterraneo haya muchas islas. Contrario a lo que podríamos imaginar, Magüita no conoció a su príncipe azul en el baile de la niña Valencia. En realidad, este tipo de cosas solamente acontecen en los cuentos de hadas, en los cuales indefectiblemente los novios terminan comiendo perdices y siendo felices para siempre, después de haberse convertido en conyugues y padres de una serie de creaturitos, todos ellos bonitos, que por lo general hablan dos o tres idiomas. Si así hubiera sido, nos hubiéramos quedado sin tema para esta historia, que de perdices tiene poco, y no se diga nada de felices. Pero si es oportuno recordar que de dicho baile surgieron diversos admiradores de Magüita, quienes comenzaron a cortejarla suave o impetuosamente, pero en todos los casos con muy poca aceptación. En realidad, ella tenia una figura bastante atractiva, pero adolecía de una altivez inconveniente, de la cual hizo buen o mal uso en el resto de su vida, pero bastante uso en su juventud. Tales requiebros no pudieron prolongarse sino por pocos meses, cuando por fuerza del destino y de un caballo con cólico, extraño todo como muchas de las cosas que suceden en esta vida, Magüita conoció finalmente a su príncipe azul. Dicho acontecimiento, y es justo calificarlo como tal, tuvo lugar una tarde en que Magüita y una de sus primas se dirigían a tomar té a la casa de Solita Valencia, basicamente con fines de echar carreta. El coche en que ellas iban se estropeó, mejor dicho, uno de los caballos se negó a continuar, y allí estaban estas dos niñas en medio de la Calle Real, pensando en qué hacían, cuando apareció, quien sabe salido de donde (muy posiblemente venía de la Plaza de Bolivar), don Ramiro Ordoñez, quien no solamente hizo detener su carruaje, sino que se ofreció a llevarlas donde ellas quisieran ir. Y fue así como Ramiro entro en la vida de Magüita. Hay que advertir que no era costumbre, ni tampoco estaba bien visto, que dos señoritas entraran en trato y comunicación con un completo desconocido, en medio de la calle. Pero ante la situación en que se encontraba el coche en que ellas viajaban, mejor dicho, en vista de lo fuerte del cólico del caballo, y debido al hecho de que aún no se había fundado el Automóvil Club de Colombia (que hubiera podido llamarse de Coche Club de Colombia, o en la Argentina el "Calesita Club del Gran Buenos Aires"), que las hubiera podido desvarar, no dudaron en aceptar el dialogo con el joven, y casi en seguida su oferta de llevarlas a donde quisieran. Es mas, Ramiro parecía gente decente, y por la fuerza de las circunstancias, estas dos niñas no encontraron mayor reparo en aceptar su oferta de conducirlas a su destino. A su destino de ese día a las dos muchachas, y a una de ellas a su destino final. |
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Ramiro, de trato muy fino, tenía un cierto acento apastusado, por lo cual alguna de ellas pensó inicialmente que podría ser algún rico mercader que había viajado de Pasto para comprar mercancías con destino al departamento de Nariño. Y esta suposición no tenía nada de descabellado. La capital era la capital, posiblemente mejor con C mayúscula: la Capital. Y como tal, era el centro de abastecimiento del resto del país, no importaba cual fuese el origen de las mercancías. El sistema de distribución y mercadeo era por ese entonces muy primitivo, y todo producto tenia que venir primero a Bogotá, para desde allí ser distribuido al resto del país, aun cuando el resto fuese el mismo punto de origen. Así pues, amparadas en una cierta o aparente timidez, pero favorecidas por el hecho de que Solita vivía a una distancia relativamente grande de donde se encontraba el caballo con cólico, tuvieron oportunidad de entrar en buena conversación con Ramiro y de averiguar un poco de su vida. Alguna razón especial para ello? Ninguna, aparte de que posiblemente Cupido metió alguna baza en este asunto. El caso es que en el curso de la conversación fue posible determinar que Ramiro no era pastuso. Clarificó además que, por las informaciones que había recibido de algunos de sus amigos y por una serie de chistes que había escuchado en los dos años que llevaba viviendo en Bogotá, consideraba que los pastusos eran algo extraños, por decir lo menos. En resumen, ni tenia que ver ni quería tener que ver con los pastusos. Y mucho menos, tampoco quería quedar de pastuso si era que Nariño se anexaba al Cauca, como amenazaba el chiste. Pero eso sí, declaró con mucho orgullo su origen ecuatoriano, e hizo saber a sus invitadas temporales que él ocupaba un cargo importante en la Embajada de dicho país en Bogotá. Como se dice comúnmente, "pour epattér le bourget", o mas castizamente, para descrestarlas. Pero a renglón seguido y contrastando con ese orgullo que demostraba, les dijo que el coche en que estaban transitando en ese momento no era ni de él ni de la Embajada. Se lo había prestado un amigo, quien había salido de viaje a Mesitas del Colegio y que por ese motivo no lo iba a necesitar el fin de semana. Entre otras cosas, nunca se supo en qué vehículo fue su amigo hasta Mesitas del Colegio, ni en que volvió de allí. Se supo eso sí que el amigo solamente pudo regresar el lunes siguiente, después de que lograron arreglar el derrumbe que cayó abajito del Salto de Tequendama, y que mantuvo a la Capital y a las Mesitas aisladas temporalmente. Ramiro indicó que su amigo viajaba con frecuencia, así que la próxima vez que lo hiciera y le prestara el coche, las invitaría a pasear por la ciudad. Llegando a la casa de Solita, a Magüita no le quedo mas remedio sino darle a Ramiro su dirección. Hubiera podido negarse a hacerlo, dando pruebas de su altivez. Hubiera podido dar una dirección falsa y así quitárselo de encima. Hubiera podido suceder cualquier otra cosa que hiciera que Ramiro saliera de la vida de Magüita con tanta rapidez como había entrado. Pero su espíritu se llenó de algo superior a su voluntad. Y tan pronto Ramiro le preguntó donde vivia, se apresuro a darle la dirección. Pero comprendió, un poco tardíamente, que el problema ahora iba a ser explicar en casa como un joven ecuatoriano, con un alto cargo en la Embajada de su país, y además sin su propio coche de caballos, estaría dentro de poco tiempo tocando a su puerta. Y así estuvo pensando el resto de la tarde durante la visita a Solita, y la primera parte de la noche ya en su casa, hasta que el sueño la venció. Y al día siguiente, oh sorpresa, Estercita la muchacha que le había enseñado a tejer, la despertó con un lindo ramo de cartuchos enviado por .... lógicamente y como ustedes facilmente podrán imaginar: Ramiro! Todo aconteció en forma por demás precipitada. Don Sinforozo se enteró del asunto al oír las exclamaciones de estupor que lanzaba su señora, cuando vio pasar a Estercita en busca de un florero. En ese momento casi todos estaban ocupados (los floreros), y los demás estaban bastante sucios, por lo cual fue necesario recurrir a una de las jarras del agua para colocar las flores temporalmente. En todo caso, fuera de toda previsión, no solamente don Sinforozo no se aterró con el asunto de Ramiro, sino que a él le pareció de lo más interesante que fuera ecuatoriano y que además tuviera cargo diplomático. Lo de la falta de coche propio lo tenía sin cuidado. |
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Las flores venían, lógicamente, acompañadas de una nota solicitando la autorización de Magüita para visitarla. Cómo se daba dicha autorización, quien tenia que darla, y cómo se transmitía a su destinatario son asuntos que poco importan en estos momentos. Yo personalmente creo que eso no pasó de ser un formulismo, toda vez que Ramiro estaba decidido a ir por la tarde a visitar a Magüita. El asunto realmente importante consiste en que evidentemente a partir de esa tarde Ramiro se convirtió en asiduo visitante de la casa de los De la Cruz. Claro que por esa época las visitas de novios, o galafardos como se decía con tanta gracia, estaban limitadas a dos veces por semana, y sábado o domingo. Y las salidas a pasear estaban sujetas a la disponibilidad de un chaperón o chaperona adecuados. Pero Magüita y Ramiro se daban sus mañas, y a los nueve meses exactos (como en el caso de los bebés) Ramiro visitó a don Sinforozo y le pidió la mano de Magüita. Hay que apuntar que mas que la mano le interesaba mucho mas el resto. Y también es justo aclarar que esto de los nueve meses es pura coincidencia, pues no habia ningún bebé en camino. Como es de suponerse, ya todo estaba "friamente calculado", tal como diría el Chavo muchos, muchísimos años después. Pero los nueve meses si fueron muy útiles, pues permitieron hacer las averiguaciones del caso. Efectivamente, se comprobó que Ramiro era persona digna de confianza, que gozaba del respaldo de sus superiores, y que (según un amigo de Sinforozo que a su vez era amigo del embajador de Venezuela) tenia abierta toda una brillante carrera por delante en el servicio exterior ecuatoriano. En ese momento las relaciones entre Venezuela y Ecuador eran bastante buenas, por lo cual no hubo problema en obtener la información referente a Ramiro. No sabemos aún si para disimular el acento pastuso, o por alguna extraña influencia, Magüita comenzó a hablar de su novio y futuro marido como Rámiro, con acento en la primera sílaba. Ella era la única persona en todo Bogotá que pronunciaba en dicha forma aquel nombre. Y después de haber ido a la iglesia a contraer matrimonio, pasó a llamarlo, indefectiblemente, "Rámiro mi marido". El todo es que el noviazgo formal duro apenas cuarenta días, al cabo de los cuales contrajeron matrimonio en la iglesia de Las Nieves, en solemne ceremonia religiosa oficiada por Monseñor Abisambra, párroco de dicho templo. A continuación de la ceremonia religiosa hubo una recepción de carácter casi que familiar en la casa de don Sinforozo. Por el lado de la novia estaban invitados los parientes más íntimos, y además de unas pocas amigas y primas, unos ocho o diez de los jóvenes que habían estado aspirando a la blanca mano de Magüita después del baile de Solita Valencia. Esto como para demostrarles que la negativa a aceptar sus requiebros no era simplemente orgullo y desdén de Magüita, sino tal vez que ella, por cosas del destino inexpugnable, sabía que estaba llamada a otros destinos, como el de ser la esposa de un diplomático ecuatoriano y no de un caballero bogotano. Por el lado del novio no asistieron sino el Embajador, el resto del personal de la Embajada (consistente en cuatro personas, incluido el mensajero), y unos dos o tres amigos de Ramiro, incluido aquel que acostumbraba a viajar a Mesitas del Colegio, y que durante los días anteriores a la boda había prestado el coche a Ramiro para que este hiciera una serie de vueltas y gestiones que tienen que hacer todos los que se van a casar, y que además los ponen tan nerviosos! Ninguno de sus parientes vino del Ecuador, por cuanto no hubo suficiente tiempo para avisarles y hacer todos los arreglos correspondientes. |
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Pasado todo esto y estando los recién casados en proceso de instalarse en un nidito de amor en Bogotá, llegó "un telegrama", como dice la canción. Por medio del dichoso telegrama se le ordenaba a Ramiro hacer los arreglos pertinentes para viajar en forma definitiva a Quito, donde en un plazo de mes y medio debería posesionarse del cargo de Jefe de Límites y Conflictos, que era una importante sección en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Se alegaba, entre otras cosas, que su permanencia en Bogotá por casi tres años le daba una buena preparación para manejar lo referente a los conflictos fronterizos. Esto, naturalmente, alteró sorpresivamente los planes de Magüita y de 'Rámiro su marido', quienes no pudieron hacer otra cosa que comenzar con los preparativos para efectuar la mudanza. Comparada con aquella famosa mudanza que de Londres a Bogotá hizo la familia de don Sinforozo cuando Magüita estaba aún muy pequeña, este trasteo resultó mucho más simple. Por una parte, los recién casados tenían pocos muebles para llevar a Quito. Por otra parte, llevaban poco tiempo de casados, y por lo tanto no habían logrado acumular cosas inútiles. Es de apuntar que como cosa rara la gran mayoría de los regalos de matrimonio eran cosas realmente útiles, y las pocas cosas que no les gustaron las trasladaron a casa de don Sinforozo, a ver si las podían regalar para el próximo bazar, o ver que hacían con ellas. Y además ya estaba en funcionamiento la empresa de Trasteos Reyes y Reyes, la cual fue enfática en declarar que no se encargaban de la mudanza hasta Quito, por carecer de experiencia y conexiones logísticas para ello, pero que podían colaborar en el empaque de algunas cosas que no fueran muy delicadas, porque cuando eran frágiles ellos no se hacían responsables. Que tal el descaro, ah? Qué tal la falta de visión de los Reyes? Se habrían podido convertir en una de las primeras multinacionales. Hasta aquí todo bien, como decía aquel que caía del piso veinte de un edificio en construcción, cuando iba pasando por el piso catorce. No hemos visto aún por qué se considera a Magüita como una persona de muy mala suerte, aparte de sus "tragedias infantiles". Su juventud, en la etapa de soltería, transcurrió en forma por demas placentera, dadas las informaciones de que disponemos y que hemos plasmado en este capitulo. Pero tranquilos. Lo verdaderamente movido, lo verdaderamente conmovedor, que lo puede llenar a uno de pesar si tiene la suficiente sensibilidad, lo he dejado para los próximos capítulos.
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Fin
del Capitulo Tres: LOS PRIMEROS VEINTITANTOS AÑOS
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Para pasar
al siguiente:
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Capítulo
Cuatro - Matrimonio
y primeras tragedias
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